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>>derechos
humanos>
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Ejecuciones
sumarias, miles de muertos de hambre, desaparecidos, terrorismo de Estado,
censura, persecuciones, refugiados, torturas... Son decenas, miles,
las acusaciones de violación de los derechos humanos que se dirigen
a Corea del Norte y sus gobernantes. Pero las denuncias chocan con la
negación de la oficialidad norcoreana y la práctica imposibilidad
de que organismos internacionales accedan a los escenarios de esas violaciones.
Así, la cuestión de hasta qué punto no se respetan
los derechos humanos en el país no deja de estar sumida en el terreno
de la especulación
y poco se sabe a ciencia cierta.
La ausencia
de organizaciones occidentales es precisamente uno de los argumentos
que siempre salen a relucir en el tema de los derechos humanos.
Por un lado, esa ausencia impide conocer de primera mano la situación
real de la ciudadanía norcoreana y el alcance de esos quebrantos
de los derechos humanos. Las cifras de muertos en las hambrunas
de la década de los noventa oscilan en márgenes de millón y medio
de personas (entre 2 y 3,5 millones de personas, según recoge refugees.org)
y sólo la Cruz
Roja
trabaja, hoy por hoy, en Corea del Norte. Para ello, mantiene una
neutralidad escrupulosa intermediando incluso de forma activa en
el proceso de reunificación coreana, pues la publicación de datos
sensibles para el Gobierno norcoreano ha sido siempre la principal
razón para expulsar a los voluntarios occidentales con acusaciones,
en algunos casos, de espionaje. De hecho, la beligerancia contra
Pyongyang de algunos de los responsables de ONG expulsadas ha sido
un argumento en su descargo para las autoridades norcoreanas. En
otros casos, son las propias organizaciones no gubernamentales las
que explican su marcha de Corea del Norte por las dificultades con
las que cuentan para desempeñar su tarea humanitaria. De hecho,
vastas regiones del país están vetadas a los extranjeros.
¿Datos
oficiales? Pocos. La ONU,
que cuenta con delegaciones de la World Food
Program, de la UNESCO y de otros programas, suele publicar con cierta periodicidad los informes redactados de acuerdo a las informaciones obtenidas por sus enviados. El último de ellos al que he tenido acceso, publicado en el año 2000, habla de la existencia de campos de concentración en los que se practicarían torturas y ejecuciones. "A los prisioneros se les ordena frecuentemente realizar duros trabajos en jornadas de 18 horas diarias al tiempo que se les endurece la tarea al llevar cadenas y otros elementos que limitan su capacidad de movimiento. También reciben una dieta inadecuada, hasta el punto de caer exhaustos en medio del trabajo. Las celdas de castigo son tan bajas que no permiten incorporarse ni tumbarse al preso, y en ellas pueden llegar a ser recluidos durante semanas. Se practican abortos forzados y no se provee de atención médica". Este relato, acompañado de detalles acerca de la vida diaria en la prisión política de Kaechon, fue enviado al Gobierno norcoreano por los delegados de la ONU. Según el informe, Pyongyang cuestionó las fuentes de información utilizadas y negó la existencia de tales hechos, "en particular, la existencia de campos de concentración de prisioneros políticos y en concreto de la Institución de Reforma de Kaechon". También Amnistía
Internacional,
en su último informe sobre Corea del Norte, tras reconocer la imposibilidad
de contar con informaciones contrastadas, denuncia lo siquiente: "Los
testimonios convergentes
de un gran número de testigos no relacionados entre sí indican que en
Corea del Norte se han llevado a cabo ejecuciones públicas durante muchos
años, y que continúan en la década actual. Estas declaraciones convergentes
suscitan en Amnistía Internacional el temor de que la pena de muerte
se emplea en este país con mucha más frecuencia de lo que las autoridades
norcoreanas han reconocido ante Amnistía Internacional, y que, pese
a la negación del gobierno,
es posible que
siga habiendo ejecucionespúblicas". Todo ello es negado o matizado
por Corea del Norte y sus representantes. Así, a través de una consulta
realizada vía correo electrónico, el presidente de la Korean
Friendship Association,
Alejandro Cao, señala lo siguiente: "Excesos policiales, torturas
y ejecuciones sumarias, no. La RPDC es una sociedad muy diferente, donde
todo el mundo se considera una gran familia, y en esta familia el crimen
no se sanciona con el castigo directo, sino que se intenta hacer entender
a la persona y darle la posibilidad de que se reintegre de nuevo y se
comporte adecuadamente. La mayoría de prisioneros pagan sus acciones
sirviendo a la sociedad (construyendo carreteras, edificios o jardines)".
Y es que "toda la
población de
Corea es prácticamente
'policía', y
no necesitas de un agente que te esté controlando... sino que la propia
sociedad te va a advertir cuando actúes de forma negativa.La concienciación
y la educación es el pilar básico contra la delincuencia... y no la
opresión. Si la opresión y la vigilancia continua mantuvieran la RPDC,
el sistema no hubiera aguantado frente a la presión imperialista".
Uno de
esos refugiados es
Kang Chol-Hwan,
autor del libro "Las
peceras de Pyongyang"
(editado en Estados Unidos, Francia e Italia) y colaborador de la
edición para Corea del Norte del diario surcoreano Chosun
Ilbo. En su libro, Kang relata su experiencia en uno de los
campos de concentración aludidos en el informe de la ONU, y del
que habría podido escapar para luego refugiarse en Corea del Sur.
Las torturas, vejaciones y asesinatos son una constante en su libro.
Como el suyo, los medios de comunicación occidentales publican con
cierta asiduidad experiencias de refugiados que oscilan entre el
dramatismo de la odisea de Kang Chol-Hwan a frivolidades acerca
de las aficiones acuáticas del Kim Yong Il (al parecer, entre los
lujos que se le atribuyen, se encuentra una piscina climatizada
y dotada con un mecanismo para generar olas para poder disfrutar
de su tabla de surf).
En internet, y en inglés, se puede leer una amplísima selección de testimonios de disidentes norcoreanos en North Korea's Tangled Web , que recopila enlaces a diversos sitios y páginas de denuncia de abusos en Corea del Norte. En estos casos, la versión norcoreana va por dos vías. Por un lado, la ya citada acerca de la inexistencia de disidentes. Por otro, los métodos de persuasión empleados en los centros de adaptación gestionados por los servicios de inteligencia surcoreanos en los que (según agencias occidentales) se recluye a los refugiados del norte durante algunas semanas para someterles a análisis médicos y prepararles psicológicamente para los cambios que van a sufrir sus vidas. "Se suelen ofrecer coches, vivienda, reloj de oro y una buena suma de dinero al disidente 'auténtico' y si es posible 'posición social'", afirman desde la KFA. Tal afirmación la apoyan en otros testimonios, esta vez de norcoreanos que hubieran sido capturados por fuerzas del Sur y luego devueltos. "Han contado en muchas ocasiones la cantidad de ofertas que les hicieron y como les llevaban en una limusina alrededor de los cines, salones recreativos, etc... para convencerles que se quedaran en el Sur". |
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